Diseñar para trabajar en el siglo XXI sin morir en el intento

Otro de los retos del siglo XXI: compaginar la creciente jornada laboral y el ritmo de las ciudades con la biología de nuestro cuerpo sin morir en el intento. Es verdaderamente un problema reconocido el que el estrés y la ansiedad provocados por la dinámica de vida actual están haciendo estragos en nuestra salud: horas en posturas desfavorables, sedentarismo, exposición excesiva de ojos a las pantallas, etc.

Afortunadamente, la forma de trabajo también parece estar cambiando hacia modelos más flexibles y productivos. Me gusta pensar que el diseño de los espacios en los que se desarrollan estas actividades puede tener un impacto muy positivo en el bienestar de las personas. No me estoy refiriendo tanto a los parámetros de confort, como ya comentábamos aquí, como a un nivel más físico y espacial. Recorridos, distancias, zonas de estancia , itinerarios, cruces entre ellos.

Hablamos hoy de las oficinas modernas que parecen caracterizarse porque la gente va en chanclas y tienen videoconsolas, teles y futbolines. Tampoco hablo tanto de eso como de cuánto tardo en llegar de mi coche a mi puesto de trabajo, a quién veo en el trayecto, qué sensación me produce el entorno por el que me muevo o cuánto tiempo me invita a estar descansando la arquitectura que me rodea.

El artículo de The Guardian Death of the Desk: architects shaping offices for the future recoge diversos testimonios, todos ellos muy interesantes, de arquitectos y altos directivos de compañías. Dan en conjunto una visión muy completa del cambio que está viviendo el mundo empresarial en las formas, los horarios y los espacios y cómo la arquitectura se ha ido adaptando a las distintas necesidades.

Se plantea el debate de si se produce sentado en tu propia mesa o cuando comentas un problema con un experto en un ambiente más distendido, de si la apropiación del espacio de tu puesto de trabajo te estabiliza o te acomoda demasiado. Parece que los nuevos modelos apuestan por una jornada laboral entretejida con el ocio para mantener la mente en un estado despierto y cómodo. Que las relaciones personales entre los empleados se desarrollen en la propia oficina, creando sentimiento de equipo, confianza y colaboración.

Este formato toca también la jerarquía de la empresa. De pronto, el espacio no parece ser necesario para mostrar un nivel de poder. Y la salida de esa zona de confort es la forma de cambiar las relaciones.

Todo esto precisa de espacios diferentes. La tendencia es a reducir en gran cantidad los puestos fijos de trabajo y aumentar los encuentros programados y fortuitos entre las personas, el capital humano de cada empresa. De esta manera, se está valorando más a cada uno de los trabajadores.

Recuerda en parte a otros muchos modelos que se han probado como los puestos de “mesas calientes”, o los servicios en la oficina para que “no necesites salir a hacer nada fuera”, pero de una manera menos frívola al estar en el centro el bienestar del empleado como factor de productividad.

Veremos cómo evoluciona el diseño, pero en principio creo que estas nuevas formas encajan más con la movilidad, la forma de vida y las familias del este siglo. Y, sobre todo, dan más rienda suelta a nuestra creatividad como arquitectos, así que ¡disfrutémoslo!

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Almudena López de Rego
Por
Almudena López de Rego

Redacción de CTE Arquitectura

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