Fracking, la nueva energía del viejo paradigma II

Tras la primera parte de este artículo del blog de la Asociación Sostenibilidad y Arquitectura (ASA) llega la reflexión del autor Iñaki Alonso en relación a la polémica fuente de energía. Accede a Fracking, la nueva energía del viejo paradigma I para entender qué es el fracking y qué consecuencias tiene.

Primero fueron los DDT en los años cincuenta, la contaminación química a través de los pesticidas, primer gran toque de atención sobre los límites de nuestro entorno natural y cómo el hombre estaba jugando con esos límites. Rachel Carson se encargó de su denuncia en EE. UU. en su famoso libro Primavera silenciosa (8), y ese país acabó prohibiendo los DDT.

En los años setenta y ochenta fue la capa de ozono; a través de la generación de diversos impactos, pusimos en peligro la vida en la Tierra abriendo un agujero en la estratosfera, nuestra capa de proyección de los rayos ultravioleta. Hecho inédito, por el consenso y “rapidez”, fue la firma en 1987 del Protocolo de Montreal, un acuerdo internacional para la eliminación de los CFC. El tratado se revisa periódicamente y se cree que si todos los países cumplen con los objetivos propuestos en él, la capa de ozono podría recuperarse para el año 2050.

No voy a extenderme en el último impacto de “moda”, el cambio climático, derivado del exceso de emisiones de CO2 y otros gases como el metano. Seguimos experimentando los límites de la Tierra y su capacidad de amortiguar nuestras emisiones, bien sean DDT, CFC o CO2, debatiendo sobre si la Tierra se puede calentar 2, 3 o 5 grados y cuáles son esas consecuencias.

Probablemente, una de las categorías de impacto con más riesgo es la radiactividad, que, en nuestra posición antropocéntrica, creemos que podemos controlar sin riesgos, pero que, cuando se nos escapa de las manos, produce auténticas catástrofes, como en Chernóbil y Fukushima. Además, genera una basura radiactiva para unos cuantos siglos, un regalito para que gestionen nuestros hijos, nietos y tataranietos.

Hay más impactos, y muy importantes, pero me gustaría llegar al fracking, y con ello a esa obsesión humana de jugar con los límites de nuestro futuro como especie. En este caso, una de las categorías de impacto más afectada es un recurso natural, nuestro recurso natural más preciado, elemento básico para la vida y del que estamos formados en torno a un 70%, el agua.

Entiendo que la propuesta del fracking es perforar nuestro subsuelo con los riesgos mencionados para sacar unos “gases baratos” que nos permitan continuar creciendo, y de esta manera amortiguar el shock del “peak oil” en los próximos 80-100 años. Es decir, en vez de establecer un cambio de paradigma hacia un modelo realmente sostenible y renovable, seguir con la misma visión, de crecimiento hacia la insostenibilidad, de generación de huella ecológica, de aumento de riesgo de impactos, de consumo de recursos fósiles, de ignorancia y visión cortoplacista.

Es como una huida hacia delante, jugando desde la prepotencia y soberbia humanas con un recurso esencial para nuestra vida, trasladando los necesarios cambios en el modelo de desarrollo a nuestras futuras generaciones. Obviamente no es una “oportunidad sostenible”, como pretende vender el Spain GBC en su nota de prensa Fracking Oportunidad Sostenible”.

Creo que no es lícito volver a mirar a otro lado, darle más “gas” a este modelo de desarrollo, y trasladar la responsabilidad de ese cambio de paradigma tan nombrado a futuras generaciones. El hombre parece que tiene una innata resistencia al cambio y hurga en cualquier resquicio para justificar la continuidad de algo injustificable, que ya el Club de Roma en los años setenta predijo como finito e insostenible. Creo que debemos mirar hacia el desarrollo de las renovables, hacia la tecnología biomimética, hacia sistemas cradle to cradle, hacia la innovación verde, y crear ya un futuro realmente sostenible.

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Almudena López de Rego
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Almudena López de Rego

Redacción de CTE Arquitectura

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