Necesitamos arquitectura para los últimos 20 años de vida

Una perspectiva nueva se introduce en las funciones del arquitecto y del urbanista. La creación del estado de bienestar, los nuevos modelos de vida y la creciente longevidad precisan una nueva forma de abordar la edificación. Familias se juntan, parten y reparten hasta varias veces a lo largo de una vida. La vivienda y las ciudades han de ser recursos que nos acompañen y den una respuesta a lo largo de este camino cada vez más largo.

Ya comentamos en este post la situación actual del mercado inmobiliario y cómo las opciones tradicionales de acceso a la vivienda se han quedado anquilosadas y no responden a nuestras necesidades. Si además evaluamos el contenedor en sí, la propia vivienda física, vemos que se encuentra igual de desactualizada, tanto a nivel de confort y accesibilidad como de demanda energética.

Por otra parte, observando el desarrollo cronológico de una vida hoy en día y considerando la longevidad media española de 82 años, hablamos de casi 20 años de vida tras la jubilación, un 25% del tiempo total. Ni qué decir tiene que las condiciones en las que llegamos a estas edades son cada vez mejores, lo que nos permite disfrutar de esta etapa de otras maneras. Podemos hablar ya de un verdadero sector de servicios dirigido a este campo y que cada vez se centra menos en asistencia médica intensiva para dar paso a la calidad de vida, el confort y el disfrute.

¿Qué necesitamos para disfrutar de una jubilación sin preocupaciones?

  • Espacio: en privado, suficiente para movernos de manera menos ágil; en compañía, amplias zonas de estar para acoger a la familia y las visitas. Sencillez en las instalaciones y arquitectura inteligente para desentendernos de ciertas cosas.
  • Asistencia: cerca pero no encima.
  • Servicios: que nos permitan tener las comodidades que queramos asociadas a la vivienda.
  • Compañía: después de toda una vida, la casuística es interminable, y en muchos de estos casos se agradece la vida en comunidad.

Se reduce el espacio personal y aumenta la zona donde se desarrolla la vida diaria. Sin embargo, todo ese espacio más “público” es una carga si lo tengo que limpiar y mantener. Necesitamos formatos habitacionales y organizativos diferentes.

Todas estas características se encuentran concentradas en algunos ejemplos de comunidad como éstos:

Asociación Jubilares

Los Jubilares son “comunidades autogestionadas de mayores que viven en un entorno diseñado por ellos mismos”. Esta asociación se dedica a acompañar a los interesados en planificar su jubilación de manera activa en una modalidad de vida cohousing para que alcancen todos los objetivos. Este concepto no debe confundirse con ninguno de los siguientes:

Se trata de una forma de vivir como siempre pero con menor carga individual de patrimonio.

El jubilar permite además acceder de manera más sencilla a la asistencia domiciliaria sociosanitaria que en cada momento se necesite. Esta asistencia se planifica según los postulados de la Asistencia Integral y Centrada en la Persona (AICP), hasta cualquier nivel de dependencia. Hay mucha más información en este dossier: Me hago un jubilar.

Cooperativa Trabensol

Este Centro Social de Convivencia para Mayores está en Torremocha del Jarama y ya es una realidad. Es interesante porque se introduce el concepto de la durabilidad y consciencia en la edificación: se diseñó con criterios de sostenibilidad y arquitectura bioclimática. La fuente de energía es la geotermia por ser limpia y renovable, no depende del tiempo meteorológico, tiene importantes subvenciones y proporciona una temperatura constante.

Aquí se pueden leer las líneas básicas de la cooperativa, que buscan una vida saludable, sostenible y confortable.

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Almudena López de Rego
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Almudena López de Rego

Redacción de CTE Arquitectura

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