Ser propietario ahora sin comprar ni alquilar

Está claro que el sistema actual no funciona: los precios de la vivienda son inalcanzables para los salarios medios y los precios de los alquileres están casi al nivel de las hipotecas, por lo que no sale rentable. El resultado es un mercado inmobiliario que no está obsoleto porque los que no tienen problemas de dinero se están poniendo las botas, pero que no está respondiendo a las necesidades del grueso de la población.

Afortunadamente, no somos los únicos con este problema y vamos a poder aprovecharnos de la solución que ya se le ha dado hace décadas en otros lugares como Reino Unido o Países Bajos. Una opción es la Cooperativa de Cesión de Uso de Vivienda que ya comentamos. Estos otros modelos han tomado importancia ahora porque Cataluña puede estar a punto de modificar hasta su Código Civil para permitir este modelo de compra. Promovido por la Cátedra de Vivienda de la Universidad Rovira i Virgili, dirigida por Sergio Nasarre, espera aprobarse antes del final de esta legislatura.

Existen dos formatos de adquisición prolongada en el tiempo de la vivienda:

  • La compra por un número determinado de años
  • La compra definitiva de la vivienda por fracciones (primero un 10%, luego otro 30%,…)

En el primer caso todo es tan sencillo como podría parecer: pasado el número de años estipulado la propiedad del inmueble vuelve automática y gratuitamente a pasar al dueño original. Verdaderamente es una opción bastante parecida al alquiler actual, por lo que no parece que tenga grandes ventajas. Sin embargo las encuestas muestran que la mayoría de los españoles prefieren ser propietarios a inquilinos. El arrendador recibe el “alquiler” por todos los años de golpe, lo que es una gran ventaja para él, y el inquilino se asegura el precio desde el primer día sin estar a expensas de que se lo puedan subir en cualquier momento y teniendo absoluta potestad en su casa.

La compra de la vivienda por fracciones permite ir pidiendo pequeñas hipotecas de manera asequible. El comprador pasa a ser el propietario a todos los efectos del inmueble desde el primer momento: un cierto porcentaje le pertenece de manera absoluta (el que está comprando) y por la parte que no es suya paga mensualmente un alquiler moderado. Por supuesto, los porcentajes se van estableciendo por los interesados, con un mínimo del 10% cada vez. Se reduce así considerablemente la cantidad de intereses que se pagan y el poder sobre el inmueble es absoluto. El vendedor recibe parte del valor del piso en mano de una vez y además un alquiler mensual proporcional al resto de la casa hasta que se produzca la compraventa de la siguiente fracción. Su posición de arrendador es más segura puesto que el inquilino está muy atado a la vivienda y es más improbable que deje de pagar. Además, si puede probar que se está deteriorando el inmueble puede emprender acciones legales.

Hay todavía muchas lagunas que resolver, como la poca garantía que supone este formato para el banco si se pide un crédito. No obstante, las dos figuras son hipotecables.

Fuente: elpaís

 

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Almudena López de Rego
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Almudena López de Rego

Redacción de CTE Arquitectura

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