Cambiar de casa como de camisa

¿Cómo sería la arquitectura si no tuviera por producto algo tan duradero? Si cada 20 años demoliéramos lo construido y lo levantáramos de nuevo ¿haríamos arquitectura más transguesora?¿Los arquitectos estarían más o menos valorados? Hay un sitio donde viven así.

La cultura japonesa es sin duda una cultura curiosa, una mezcla de estrictas normas avaladas por un duro juicio social y un desmadre sin control en ciertos aspectos. La vivienda pertenece a esta segunda categoría: todos hemos visto cientos de proyectos de unifamiliares en Japón que juegan con los límites de la estética, la funcionalidad y sobre todo de la seguridad de uso.

Vivienda Japonesa Kumagai House

Tanta vivienda no puede pertenecer sólo a la clase más alta y adinerada, las familias que arriesgan en la morfología de su vivienda son de todos los estratos sociales. Esto tiene una explicación: la frecuencia de los terremotos y  los estragos de la II Guerra Mundial han acostumbrado a los japoneses a tener poco apego a lo material, valoran la fugacidad en el tiempo. Así, el valor de las construcciones en Japón es casi inexistente.

Alstair Townsend es un arquitecto británico asentado en Tokio que escribe sobre las diferencias culturales que encuentra en su campo profesional. Sus artículos pintan un cuadro sorprendente de la relación entre la vida de los japoneses y sus viviendas.

 

En una cultura fetichista como ésta, se trata de estrenar, nadie compraría una casa “de segunda mano” por lo que nadie toma una casa como una inversión. Las viviendas terminan de perder todo su valor a la edad de 15 años y son demolidas alrededor de los 30. Si no están supeditados a que la casa tiene que gustarle a un comprador en unos años, pierden todas las restricciones de la lógica.

Vivienda japonesa Awacho House

Con estos números, uno sabe que va a estar pagando su casa toda su vida: bien por agotar la “vida útil” de la primera, bien porque tras la primera hay que construir la segunda. Así, el momento de encargar esta vivienda se convierte en una oportunidad de poner tu granito efímero en la comunidad.

Vivienda Japonesa Casa origami

Esta fugacidad de lo construido va en contra de lo urbanizado, que no se termina porque siempre tiene ese aire de estar en transformación y no existe una conciencia de cuidar lo común. Las calles son neutras, sin vegetación y con tendidos eléctricos a  la vista. No existe normativa en torno a la homogeneidad o el carácter de las construcciones y el planeamiento brilla por su ausencia en muchos casos.

Vivienda japonesa Awacho House

Más arquitectos que en ningún sitio

Japón es uno de los países con más arquitectos por habitante del mundo y no es de extrañar. La duda es quién fue antes: la abundancia de arquitectos o la demanda incontrolada de viviendas. En cualquier caso, el servicio de un arquitecto para la vivienda personal, cosa que en Occidente es un lujo, en Japón es de lo más cotidiano. Familias de todos los niveles económicos recurren a los servicios de un diseñador para hacer una vivienda estrambótica.

Vivienda Japonesa Casa NA

El arquitecto tiene aquí todo a su favor: nada de restricciones legales, nada de obligaciones por el entorno, poco riesgo de demandas por parte del usuario y cientos de oportunidades para hacer realidad todas y cada una de sus ideas. Sin embargo, el resultado son espacios provocadores pero incómodos.

¿Dónde queda la sostenibilidad?

El mundo avanza ahora en otra línea. Si bien la fugacidad de las construcciones en muchos casos se justifica en la baja durabilidad de las soluciones precisamente por su sencillez y debilidad, la sostenibilidad pasa por diseños más sólidos y contundentes capaces de mantener el interior aislado del exterior en términos de aire.

En Europa, la cultura y la masa inmobiliaria son diferentes y difícilmente podríamos ponernos a demoler y reconstruir el parque de viviendas. La revolución de la rehabilitación, con un poco de suerte, va a ir en otra dirección. El número de arquitectos en activo también va a cambiar respecto al actual pero con una serie de habilidades diferentes: cambiaremos la locura formalista por el conocimiento de construcción para eficiencia energética.

Una sociedad en la que todo el mundo tenga acceso a un arquitecto para mantener constantemente actualizada la sostenibilidad de su vivienda y donde el arquitecto es considerado un servicio que mejora la calidad de nuestros hogares y se preocupa realmente por reducir nuestras facturas sí que parece una sociedad del siglo XXI.

Fuente imágenes: ArchDaily  |   busyboo

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Almudena López de Rego
Por
Almudena López de Rego

Redacción de CTE Arquitectura

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