Mis ventanas son como paneles solares

Los edificios altamente eficientes tienen muchas cosas en común, y posiblemente, las que más los caracterizan son las ventanas muy grandes y los paneles solares.

En el caso de los segundos es muy evidente el porqué de su importancia, pero en el de la primera, habrá quien discrepe de que sea tan ventajosa. Al fin y al cabo, es un punto débil en la envolvente y aumentar su superficie, aumenta el problema de forma directa; además del efecto negativo en el confort en las épocas de mucho calor.

Para cambiar la perspectiva sobre este tema, nuestro artículo La ventana como límite de la demanda solar explicamos claramente por qué las ventanas de ahora son una ventaja y no un estorbo para la eficiencia energética.

Respecto a su papel protagonista en la eficiencia, se puede resumir de la siguiente manera:  la demanda energética es un balance entre las pérdidas y las ganancias. Y el consumo energético el balance entre esa demanda y lo producido in situ por las fuentes de energía renovable. Dado que la ventana es el único elemento de la envolvente que está en el lado de las ganancias y las pérdidas a la vez, de repente es un activo muy importante.

El objetivo es colocar ventanas con valores de transmitancia térmica y estanqueidad al aire que garanticen que las pérdidas sean lo más bajas posibles, y darles una superficie suficiente para que el cálculo de energía que atraviesa por el vidrio en función de la orientación sea mayor que lo perdido. La casa Brandywine es muy buen ejemplo de la proporción que puede alcanzar esta teoría.

Así visto, es todo cuestión de números. Los rendimientos de los paneles solares varían con muchos parámetros. Una instalación antigua, deficiente o no muy optimizada puede realmente ser menos rentable a nivel térmico que una buena exposición solar ya sea con grandes ventanales bien orientados, un muro trombe o un invernadero.

Por supuesto, hay otros muchos ejemplos como las ventanas cuyos cristales captan la radiación, las carpinterías de madera traslúcida y otros inventos que expanden los límites de las estrategias pasivas; pero no hace falta irse a tanto para que la demanda energética del edificio se desplome rápidamente. El diseño consciente tiene el mismo coste que el malo y cambia mucho las facturas durante la vida útil del edificio.

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Almudena López de Rego
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Almudena López de Rego

Redacción de CTE Arquitectura

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