¿A dónde va la Arquitectura?

Este artículo de Patricia Gabancho abre el debate que se intenta difundir desde diversos sectores. Con una inmejorable referencia a la ambigüedad y frivolidad del concepto de “buena arquitectura” hace un repaso por las incoherencias del mundo actual. Desde las faltas de sensibilidad y saber estar necesarias para construir ciudades sociales a la pérdida del rumbo total en la finalidad de la arquitectura.

Son momentos difíciles para la arquitectura y no sólo porque la crisis haya tenido que estar liderada por un espectáculo desmesurado precisamente en nuestro ámbito, sino porque es necesario desde hace décadas un cambio en la forma de construir al que promotores, constructores, usuarios y, claro que sí, también arquitectos se han resistido. El problema de las profesiones milenarias es que tienen un peso en la sociedad, y este peso es un problema porque tiende a acomodar y separar de la realidad a los que las desempeñan. Cuando uno hace algo bien, tiende a repetirlo y cuando uno empieza a repetir deja de cuestionarse los métodos y de evolucionar. España es un país de inercias: se confunde la experiencia con la genialidad y las buenas soluciones con las inmejorables. Y lo cierto es que hace tiempo que los edificios que construimos dejaron de cumplir sus requisitos, y mucho menos, con un mínimo grado de adecuación a las posibilidades de nuestro tiempo. Seguimos idolatrando la genialidad de los grandes de los años 60 por sus virguerías con nuevos materiales mientras nosotros ignoramos las que tenemos delante en una cómoda posición en que repetir el mismo proyecto nos sale muy rentable.

No hemos sabido responder a las nuevas necesidades, es decir, las nuevas posibilidades que van creando necesidades en el ciudadano y en relación con el medio ambiente. Todo esto ha llegado al punto en que ese peso que tenía el arquitecto en la sociedad se ha transformado en un sentimiento de engaño e innecesidad que nos va a poner muy difícil recuperar la creencia en la importancia del diseño.

Sin embargo, el arquitecto no ha dejado de ser una pieza del juego que crecía paralelamente a la burbuja, dejándole un lugar cada vez más pequeño y manejable. La distracción por el consumo y el avance de las tecnologías ha permitido que todo esto se desmadrara y se pusieran los dientes largos en sectores que llevan años actuando de manera abusiva, habiendo alcanzado una posición de poder, y que serán un lastre para la necesaria reforma.

Tenemos ahora la opción de hacer del problema una oportunidad y aprovechar este paréntesis para reenfocar el proceso de proyecto, recuperando la intencionalidad y el compromiso de la arquitectura con el servicio que ha de prestar. Recuperar la actitud fundamentalmente técnica que siempre tuvo en España, combinando tecnología y estrategias activas y pasivas con diseño para alcanzar estándares acordes con el siglo en el que vivimos.

Por otra parte, está el debate de en qué medida estamos los profesionales desfasados con nuestro papel: si ya tenemos construido el 80% del parque inmobiliario que necesitamos para las próximas cinco décadas, ¿estamos preparados para afrontar el tipo y nivel de rehabilitación que tenemos por delante? Si la sostenibilidad parece estar tan ligada a paradigmas y costumbres ancestrales como a nuevas tecnologías y sistemas, ¿cuánta formación nos falta?. Sí parece estar confirmado que la rehabilitación energética precisa de una nueva forma de abordar el problema de siempre, por lo que tanto técnicos como operarios tendremos que completar nuestra formación de manera contundente y rápida.

En definitiva, como termina declarando Patricia Gabancho, parece que la única manera de arreglar este embrollo será comenzando por reestructurar todo el sistema, en primer lugar, desde las Escuelas. Eventos y citas se encargan de dar difusión a estos pensamientos como la intervención de Koolhaas en la bienal de Venecia, o el III Congreso Internacional de Arquitectura Necesaria en Pamplona.

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Almudena López de Rego
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Almudena López de Rego

Redacción de CTE Arquitectura

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