Urbanismo y turismo para una nueva época

En el marco de la colaboración de CTE Arquitectura con la Asociación de Sostenibilidad y Arquitectura (ASA), recibimos al arquitecto Ángel Gijón Díaz con este post sobre nuevo urbanismo.

Hace unos días se celebró en el Palacio de Congresos de Marbella la tercera edición del Simposio MIPS (Marbella International Property Show), que cerró las jornadas de debate en torno al turismo residencial con una mesa técnica sobre urbanismo y medio ambiente, así como los retos de la planificación del territorio. En dicha mesa actuó como moderador Ramón Pelayo, abogado del Estado, y participaron el secretario general de Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía, Rafael Márquez; el ex consejero de la Junta de Andalucía de Política Territorial, Jaime Montaner; el presidente de la Federación de Urbanizadores y Turismo Residencial, Ricardo Arranz, y el que suscribe este artículo.

Se abordaron temas tan de actualidad como la proliferación excesiva de normas aplicables con sus contradicciones e incompatibilidades, la confluencia de competencias entre distintas administraciones, la dificultad para la aprobación, modificación y revisión de planeamientos generales y documentos de desarrollo, en un momento en que la mayoría de los planes de Andalucía son anteriores a la crisis, y por tanto, fuera del contexto actual tan diferente a cualquier otro ciclo económico. Se analizó la falta de tratamiento particularizado, en especial en las normas para municipios turísticos, así como las medidas municipales para fomentar la inversión turística inmobiliaria con un desarrollo sostenible. Se concluyó que se debería hacer una revisión urgente de la propia Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía (LOUA) para dotarla de una mayor agilidad y flexibilidad e incluso reducir artículos de la misma y de otras leyes sectoriales. El Plan de Ordenación Territorial de Andalucía (POTA) y los planes subregionales o comarcales también deben de actualizarse y adecuarse a las necesidades socio-económicas de cada área andaluza, región del tamaño de un país como Portugal, diversa en su territorio y por tanto compleja de enmarcar en una misma ley.

El urbanismo no puede ser ajeno a la transformación de la sociedad en este siglo, por tanto se tiene que abordar desde una triple dirección: la temática, la instrumental y la disciplinaria. Debe cambiar el objeto de análisis, los instrumentos de intervención y la propia disciplina urbanística, haciéndose cada vez más permeable y abierta a otras tradiciones analíticas. Es indispensable abordarlo en clave de sostenibilidad económica, social y medioambiental. Pero adoptando reglas claras y eficaces que eviten la repetición de ciertos errores del pasado. El urbanismo no puede mirar para otro lado ante el nuevo escenario actual. Pero partiendo del convencimiento de que hoy es más necesario que nunca, es por ello que sorprende lo poco que se habla de él en las últimas campañas electorales.

El urbanismo se ha pensado históricamente como una herramienta para anticipar el futuro, y en un momento con más incertidumbre que nunca,  debemos pensar en un urbanismo diferente, más flexible, dinámico y seguro jurídicamente. Pero incrementando la simplificación, transparencia y homogeneización de los trámites urbanísticos, y que permita a los Ayuntamientos tener más autonomía, excepto en las actuaciones que tengan incidencia territorial.

Hay que planificar para un desarrollo más tecnológico, eficiente, competitivo y sostenible en el largo plazo del sector, pero acometiendo también cambios en el corto plazo que ayuden a romper con la atonía del mismo. Como dice Vicente Guallart en su libro “La Ciudad Autosuficiente”: “si el urbanismo del siglo XIX añadía valor a un territorio agrícola para transformarlo en urbano, la regeneración de la ciudad iniciada en el siglo XXI añade valor a un suelo urbano para transformarlo en autosuficiente”. Ya en el 2030 el sesenta por ciento de la población vivirá en ciudades.

La planificación del turismo (primer sector generador de empleo en España), pasa por incrementar competencias en relación al paradigma del desarrollo turístico sostenible y se reconozca la trascendencia que tiene el urbanismo y la ordenación del territorio en la gestión espacial de las actividades turísticas. Hay que resolver la interrelación entre turismo y paisaje en el Planeamiento Territorial y Sectorial. Sólo los especialistas del sector pueden interpretar y evaluar la evolución de la actividad turística, que supone más del 15% de nuestro PIB. Y los políticos tienen que generar Instrumentos de Planificación y gestión ágiles que permitan usos urbanísticos que generen empleo y sean respetuosos con el medio ambiente.Como dijo Ricardo Arranz: “Los mejores años empiezan ahora”.

Autor: Ángel Gijón Díaz

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Almudena López de Rego
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Almudena López de Rego

Redacción de CTE Arquitectura

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