¿Qué son las ecoetiquetas?

Entre las diferentes certificaciones que obtienen las empresas, cada vez se habla más de las ecoetiquetas, pero ¿sabemos qué son? Son distintivos que nos ayudan a conocer en qué medida un producto o empresa desarrolla su actividad siguiendo prácticas que favorecen la conservación del medioambiente. Su existencia se remonta a principios de los años 90, sin embargo, el cambio climático y la reciente preocupación por el medio que nos rodea, ha hecho que sea la propia sociedad la que cada vez demanda más este tipo de etiquetas al adquirir un producto o servicio.

A día de hoy, las ecoetiquetas son voluntarias y, que un producto o empresa cuente con ella, significa que su impacto en el medioambiente es menor al cumplir con una serie de requisitos ecológicos. Además, debido a su carácter voluntario, el hecho de que una empresa decida adquirirla ya nos está informando de la preocupación de esa organización por el medioambiente y su conservación.

No hay una única ecoetiqueta

Dentro de las etiquetas ecológicas podemos diferenciar tres tipos diferentes (I, II y III), siendo todas ellas de carácter voluntario. Según el uso que queramos hacer de la ecoetiqueta o la información que queramos obtener, nos decantaremos por una u otra.

TIPO I.

Estas etiquetas se basan en la norma ISO 14024:1999, siendo una tercera parte la que define los requisitos a cumplir según la categoría del producto. Para obtener un veredicto, compara entre sí productos o servicios similares, fijándose en sencillas características, y siendo un organismo externo el que certifica la obtención de esta ecoetiqueta.

Ecoetiquetas

TIPO II.

Se basan en la norma ISO 14021 y, a diferencia de la anterior, no requiere de un organismo externo para su obtención. Es la propia empresa interesada la que mediante el uso de textos o símbolos destaca una cualidad medioambiental de un determinado producto o servicio. Características como que es “reciclable” o si es “reutilizable” son algunos de los aspectos que se tiende a destacar.

TIPO III.

En este apartado se encuentran las Declaraciones Ambientales de Producto, llamadas DAP. Siguen la norma ISO 14025 y es un organismo externo, como por ejemplo AENOR, el que se encarga de su elaboración. A diferencia de las de tipo I, en estas se tienen en cuenta datos cuantitativos, es decir, se cuantifican aspectos medioambientales durante todo el ciclo de vida de un producto (desde la extracción de la materia prima hasta el final de la vida útil del producto). Si quieres saber más sobre las ecoetiquetas de tipo III, podéis leer este post en el que hablamos de la obtención de la DAP para dos de los sistemas KÖMMERLING.

 

DAPs ecoetiqueta

¿En qué se diferencian unas de otras?

La principal semejanza es que las tres tipologías en las que se dividen las ecoetiquetas son voluntarias, y depende de la empresa en cuestión el querer obtenerlas o no. En cuanto a sus diferencias, mientras que las de tipo I y tipo III necesitan de un organismo externo para su obtención, las de tipo II dependen de la propia empresa. Este aspecto suele influir en el nivel de credibilidad, ya que el consumidor tiende a pensar que los datos serán más fiables si provienen de una entidad externa.

El beneficio de las ecoetiquetas de tipo III respecto a las dos anteriores reside en su nivel de detalle, ya que se obtienen datos que hacen referencia a aspectos medioambientales durante todo el ciclo de vida de un producto. No se trata de una certificación que te conceden si alcanzas un número mínimo de puntos, sino de un documento informativo con datos que el consumidor puede comparar con otro producto de la misma categoría que posea una ecoetiqueta tipo III.

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CTE Arquitectura

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